viernes, 21 de diciembre de 2007

Noche extraña

Camino por la calle desierta, no es que sea una avenida poco concurrida, es que a estas horas nunca pasa nadie, las estrellas brillan, la luna está llena, es tan redonda y bonita, me fascina su belleza, las nubes se tiñen de rojo y, en consecuencia, la luna también, sé que es un mal presagio pero sigo andando.

La puerta del portal está abierta, oigo voces, me asomó al interior pero no veo a nadie, esto me pone la piel de gallina, todo está en silencio, demasiado silencio.

Puedo sentir mi propio corazón resonando, la sangre recorriendo mis venas, el sudor que ha aparecido de pronto en mis manos, mi respiración se agita, no me atrevo a seguir avanzando en la oscuridad, busco el pulsador lentamente. Me he quedado paralizada, algo me ha rozado la mano, que mantengo apoyada en la pared.

Tragándome el miedo que me absorbe por momentos pulsó el botón, y la luz se enciende, frente a mí no hay nadie, pero juraría que en la oscuridad vi unos ojos rojos mirándome con ansías, con hambre. Subo al primer piso por las escaleras, el edificio ya no me parece tan turbante, la puerta está abierta. Por un momento tengo miedo de que hayan venido a robar y aún esté alguien dentro.

No estaba preparada para lo que vi, había dos cuerpos, desangrados hasta la muerte con sendos cortes en el cuello, sus ojos estaban abiertos, las pupilas dilatadas, sus mandíbulas desencajadas con una horrenda expresión de dolor. En la pared, escrito con sangre:

"Le prometí a tu hermano que cuidaría de ti, pero no sé cuanto soportaré no poder tenerte, mi amada Claudia.

Seumas"

La mención a mi hermano mayor, Sirius, que me dejó sola con siete años tras la muerte de nuestros padres a cargo de unos familiares hizo que el corazón me diera una punzada cruel en el pecho, recordé los ojos rojos que me pareció ver hacía unos instantes, y caí de rodillas al suelo, manchándome la falda de raso blanco con la sangre de esos dos hombres desconocidos: "Seumas" repetí haciendo eco a mis pensamientos.

Como se nota que me estoy leyendo las cronicas vampíricas, ojalá se me quedé el matiz super descriptivo que tiene esta mujer que hace que me enamore cada vez más de ella y de su modo de imaginar las cosas

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Cuestiones de la vida diaria de una niña pequeña

Camino por el bosque, tranquila, como siempre. La ventaja de vivir en un pueblo perdido en medio de las montañas, mi padre me enseñó a amar a la naturaleza como a esa preciosa diosa de la naturaleza, Ceres y Perséfone, nunca he entendido por qué alguien tiene que irse al infierno, o al inframundo, como sea, para que las estaciones cambien y siga el: "Orden correcto de las cosas" como dice mamá constantemente.

¿Qué es eso de orden correcto de las cosas? ¿Cómo se sabe lo que esta bien y lo que esta mal, para empezar? Si hacer lo que los mayores te niegan se siente muy bien, esconderse de noche viendo las estrellas, echarme las verduras al perro, juju, mamá dice, "ya aprenderás" pero nunca me regaña.

¿Será que espera que deje las travesuras por mí misma?, eso es una Tontería, tengo 13 años por el amor de dios, y hablando de dios, ¿por qué el cura dice que no le pregunte si dios existe? ¿yo no lo he visto? ¿acaso él sí? jeje Estaría gracioso ver su cara si se le apareciera ese tío enorme que describe en su, ¿cómo se llama? Ah, sí, antiguo testamento.

¿Pero el testamento no es lo que nos dejó el abuelo al morir? ¿Que yo sepa ese "testamento" no nos da dinero ni tierras, y si lo escribió tanta gente como dice el padre alguno quedará, ¿NO?

¿Y por qué tengo que llamar al cura padre? Si padre ya tengo uno, el mío. Verdad que sí Blackie?

La niña acariciaba la cabeza de un perro negro, su amigo imaginario.

Los días pasan

Los días pasan y tú no estás aquí, sé que no volverás, también sé cuanto me amas, lo siento en mi pecho, en mi corazón que salto y se agita cada vez que la puerta se abre, cada vez que la madera del piso cruje por el frío.

Todo me recuerda a tí, la esterilla en la que hacíamos los picnics, la hierba sobre la que nos tumbabamos dejando que las hormigas pasaran por encima nuestra, el árbol en que grabamos nuestras iniciales, todas esas chiquilladas que haces de niño, como un tonto enamorado que no ve lo que tiene delante.

Esas cosas de las que luego te averguenzas, las escapadas al campo, las salidas con amigos en la playa, los baños de espuma compartidos. La tierra se mezcla con el agua que cae afuera, estoy reclinada contra la ventana, mirando el cementerio familiar, de tu familia.

En una de ellas reza: "A mi amado esposo, unidos en la tierra como en el cielo".

Recuerdo que me dijiste en la boda en los votos, "ni aunque la muerte me separe de ti, siempre estaré a tu lado". Y de hecho es cierto, siento tu presencia en todas partes, mantengo la serenidad y el luto aunque ya hayan pasado diez años desde que dejaste este mundo.

Tuvimos dos hijos: un niño y una niña, tú hijo se parece tanto a tí, ojalá hubieras podido verlo crecer amado mío, a veces me recuerda a cuando eramos niños y la pequeña es tan revoltosa y traviesa como tú, escala a los árboles y es una experta para esconderse.

Sé que, pese a todo, mi muerte se haya cercana, tengo ya una edad avanzada, he tenido una vida plena y he podido disfrutar de tu compañía durante más años de los que he estado sola, no me arrepiento de nada, eso me lo enseñaste tú. No hay que arrepentirse nunca de nada.

martes, 17 de abril de 2007

Momento de ira

Un día más saliendo de esa habitación furioso dejando a mi amor solitario durmiendo en aquella cama largo tiempo compartida, furioso sí, como siempre que me dejo dominar por mi instinto y beso sus dulces labios contra su voluntad.

Como cada vez que se esconde de mí bajo la cama, después de haberlo dejado encerrado por horas controlándome lo suficiente como para no dañar su bello rostro lloroso, su piel suave cubierta de sudor tras el ejercicio.

No me gusta hacerle esto, no me gusta sentirme como la persona más rastrera del mundo al ver llorar a esa persona de esa manera, la sangre corriendo por su cuerpo desnudo ante mí, no poder controlar mis impulsos, siento tanto que la luz que sus ojos se haya ido apagando.

En las fiestas manteniendo la compostura ante los rumores y los celos de esas chicas rechazadas, la "pareja trofeo" te llaman sí, lo sé, no hacía falta que me lo dijeras, mis amigos cuidan de ti cuanto pueden pero no son capaces de protegerte de mí.

Por eso me marcho, sé lo cruel que he sido contigo, tu amiga me abrió los ojos, la bofetada que me dió gritando, pataleando y llorando por tí mientras se la llevaban los de seguridad, por mi culpa, una chica tan alegre que realmente te quiere.

Deberías quedarte con ella un tiempo, mientras no estoy, la casa es demasiado grande para una persona sola, no sé si volveré, no quiero que vuelvas a sufrir por mi culpa, vende o tira todo lo que te recuerde a mí, la casa, el perro, los terrenos, todo es tuyo. Sólo quiero que sepas una cosa.

Te amo, te amo lo suficiente como para dejarte ir, no sin dolor, pero sí.

lunes, 16 de abril de 2007

Medusa


Maldita vida, condenada a un infierno por haber sido engañada por los dioses. Me deje engañar, puede que en algún momento sintiera algo, un presentimiento, pero hice caso omiso de mi instinto y lo pagué caro. Mi mirada, mi pelo, era tan hermoso, yo era tan hermosa.


Ahora ni tan siquiera puedo mirar mi reflejo sin tener ganas de llorar, salí a ver el mundo un segundo de esta maldita cueva y el pastor que me encontré se transformó en piedra, grité como un animal asustado, furiosa, con ganas de acabar con todos y vengarme, pero sólo atiné a volver a la cueva arrastrándome para llorar desconsolada.


Era tan bella que hasta un dios se prendó de mí, me enamoró con trucos de magía y yo, tonta de mí, le creí y me enamoré de él. Un día me llevó a un templo, yo no me dí cuenta de que era el de Atenea, sólo tenía ojos para él, no fuí consciente de aquél fatal error hasta que, de pronto, apareció ella.


Con su búho al lado sobre el hombro, me miraba airada, yo exahusta miré a mi alrededor y ese maldito traidor había desaparecido, dejando allí sola. Cerré mis ojos esperando la muerte tal vez, pero lo que me deparó esa mujer, esa diosa, fue algo mucho peor que la muerte.


Al salir del templo la gente huía de mí, y los varones que osaban mirarme a los ojos sintemáticamente quedaban petrificados, salí corriendo de allí, con la túnica desgarrada, tropezándome contanstemente porque una de las cintas de mis sandalías se había roto.


Llegué a una cueva arrastrándome con las manos y las rodillas sagrando copiosamente, me arrodillé a la riba de un río subterráneo y al ver mi cara grité y lloré incontables lágrimas ardientes que corrían por mi fría piel mientras mis manos tocaban mi ahora escamosa cara, me toqué el cabello y las serpientes largas como aquél que un día fue mi cabello se movieron por mi cuello deslizándose por él, oliéndome con su lengua, causándome escalofríos y pánico, el aire no me llegaba a los pulmones y me desmayé.


Ahora salgo de vez en cuando para coger bayas y alimentarme y me escondo en un rincón de la cueva esperando algo de compasión, que se me perdone, o que, al menos, hagan lo que una vez debieron hacer, matarme,...


Sorry por algo tan deprimente pero después de hacer un trabajillo sobre esta serpiente hermosa me entró la vena compasiva, esto se lo dedicó a mis colegas y a todas las mujeres que han sido engañadas para hacer algo por lo que debieron pagar un alto coste. Mucho besos. Les quiero a tod@s.